«Come», la elegante autoesquela musical de Prince

Come (1994). Prince

El cantante de Minneapolis, ya lo saben sus seguidores y medio mundo, fue un artista prolífico, seductor y rebelde y “Come” fue un signo, un símbolo de todo esto. Una rebeldía contra su discográfica del momento Warner a la que desafió deliberadamente en una portada del álbum que muestra a un Prince en una fotografía en blanco y negro frente a la Sagrada Familia de Barcelona con el texto “Prince: 1958-1993”. Prince prefirió dejar su nombre artístico antes que vender su alma creativa, que llegó a producir casi un disco por año. Una obra de transición en la que el cantante manifestó su malestar profesional y su deseo de libertad.

La canción que da nombre al disco, de las mejores del mismo, dura unos antirradiofónicos 11 minutos y aun así se hace desear y su funk se apodera del oyente. El disco entero es una rareza que mezcla funk oscuro, pop sensual, balada soul, y jazz estridente. Una pieza intensa, sexual, sensual y lúbrica por momentos, entre gemidos y respiraciones. El resultado es elegante, oscuro y nocturno. Su falsete teatral y las bases repetitivas e hipnóticas atraviesan a todas las canciones. El disco se pone intenso con “Pheromone”, voyeur y sensual, y se acelera con “Loose”, muy bailable, futurista e industrial. Son las dos mejores canciones. “Solo” sin casi acompañamiento musical, “Dark” se acerca a una balada.Se trata de un disco colosal que cierra con la extraña y excitante “Orgasm” con gemidos entremezclados con distorsiones de instrumentales

Bailable y oscuro, “Come” es el vivo ejemplo de un Prince que fue incansablemente creativo y que merece la pena ser escuchado. 

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