La Combi Versace, el minimalismo por elección

La Combi Versace, una colaboración entre Rosalía y Tokischa para Motomami.

La Combi Versace es una de las canciones de Motomami, uno de los más exitosos y rompedores álbumes de Rosalía, que se hizo en colaboración con Tokischa, la dominicana reina del dembow.

Motomami fue un disco que me fascinó cuando se publicó y La Combi Versace, pese a no ser una de las más conocidas, fue una de las que más me gustó. Fue el resultado de una colaboración entre Rosalía junta a la dominicana Tokischa, y de hecho fue donde descubrí a la segunda. La producción del track puede parecer sencilla en una primera escucha, pero hay una clara intencionalidad artística en ello. Hay que prestarle atención para saborear los detalles. Si así se hace, pronto se advierte un trabajo muy preciso con las voces, la percusión y la aparición y desaparición de pequeños elementos.

La voz, un instrumento más

El “ropaje” de la canción es especialmente minimalista. Durante casi los primeros cincuenta segundos, la composición se sostiene principalmente mediante las voces y un sintetizador que repite en bucle una misma secuencia. La voz no funciona únicamente como el medio para transmitir la letra, sino como un instrumento más de la composición: marca el ritmo, ocupa el espacio sonoro y sustituye en algunos momentos a los instrumentos que podríamos encontrar en una producción pop más convencional. Tanto es así que la voz es distorsionada en los momentos finales de La Combi Versace e incluso llega a convertirse en vocal chops, a base de distorsión y recorte, lo que convierte la voz, en este caso la de Tokischa, en un instrumento más.

Sintetizador, elemento de cohesión

La soledad de las voces y el sintetizador solo se interrumpe entre los segundos 38 y 45, cuando empiezan a escucharse unos golpes secos que recuerdan a unas palmas sintéticas o muy procesadas. No se trata de unas palmas flamencas naturales y reconocibles, sino de un sonido electrónico que cumple una función parecida: introduce una pulsación y anticipa la llegada de la percusión principal. Pero desaparecen pronto para volver a reaparecer a lo largo de la canción.

A los 50 segundos aparece la caja de ritmos y, ¡al fin!, el patrón de dembow. Con todo, la canción iba ganando intensidad y, hasta cierto punto, obsesividad a base de una repetición machacona. La canción está prácticamente desnuda, o vestida con transparencias, según quién lo mire, durante casi una tercera parte de su duración total: dos minutos y 40 segundos.

Con el ritmo dembow la pieza gana impulso y va introduciendo, sacando y reintroduciendo elementos, algunos con una ligera distorsión, de forma casi caprichosa. Primero aparecen las palmas procesadas y la caja, mientras que la voz y el sintetizador son lo único estable y continuo, pese a tener leves variaciones. En la parte final aparece una nueva capa de percusión electrónica, también con pequeñas variaciones, que se añade al vocal chop de Tokischa comentado anteriormente.

Estos cambios constantes permiten evitar la monotonía en una base tan repetitiva, que podría haber sido uno de los problemas de la canción. En esta variación también juega un papel importante la diferencia entre las voces: Rosalía utiliza una interpretación relativamente melódica, mientras que Tokischa aporta una voz más hablada, grave y áspera.

Esqueleto, en su mínima expresión

La entrevista que el músico y youtuber Jaime Altozano hizo a Rosalía sobre Motomami, me ha ayudado a entender tanto este disco como el análisis estrictamente musical. En ella, Altozano desmenuzó todos los tracks del disco junto a la propia artista. Gracias a esa entrevista, que quedó grabada en mi memoria, he podido identificar los vocal chops de Tokischa, pero también comprender la intencionalidad artística de Rosalía al distorsionar las voces para convertirlas en instrumentos, así como su voluntad de dejar las canciones con el mínimo esqueleto instrumental.

Una intención que se observa claramente en La Combi Versace y que no le resta energía a la pieza. La misma Rosalía ha reconocido en otros espacios que esta fue una de las canciones cuyo arreglo sufrió más modificaciones. Una sencillez claramente buscada por una producción coral en la que participaron Pharrell Williams, Michael Uzowuru, Noah Goldstein, El Guincho, Sky Rompiendo y Tainy, vinculados al pop experimental, el hiphop, el reguetón y otras formas de música urbana. Con todo, el riesgo del minimalismo, la monotonía, ha sido vencido sin duda por una canción tan energética, pegajosa e hipnótica.

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