“Debut” de Björk, mi debut en la electrónica 

Un álbum que marcó mi adolescencia y me abrió al house y la electrónica

“Debut” (1993) Björk.

Tenía 16 años. Y no es como en la actualidad que puedes escuchar por streaming una y otra vez la misma canción, puedes hacer búsquedas por estilos o un algoritmo te sugiere opciones. En 1993 un adolescente sólo tenía acceso a lo que veía en la tele, a los 40 principales y a lo que te podrían compartir familia o amigos. Mi mundo musical se basaba en el mainstream, y aún así si querías volver a escuchar un tema las veces que quisieras sólo podías comprarte el cassette, el vinilo, el CD o escuchar la radio esperando que lo volviesen a poner. También podrías grabarlo con un cassette en blanco, pero ahí ya tenías que ir a la “caza” del single. 

Debut, el primer álbum de Björk como solista, apareció en mi vida a través de un videoclip. Eran los primeros 90, la MTV y la cultura audiovisual eran la novedad, influían en todos los formatos y nos fascinaba. Violently happy fue una de las canciones escogidas para un videoclip que marcó. La protagonista era una cantante islandesa llamada Björk, extrañamente seductora. El video tenía fuerza y energía y era, a la vez, agresivo y atractivo. El poco inglés que sabía me permitía saber que el significado del título era violentamente feliz, algo claramente contradictorio y chocante y, al mismo tiempo, atractivo para el adolescente intenso que fui. Un videoclip, ubicado en una habitación acolchada que parecía la de un psiquiátrico, en donde todos bailaban de forma frenética con cabellos cortados y muñecas y peluches destrozados. Todo claramente excesivo e impactante. La música era, simplemente, hipnótica y se quedó registrada en mi cabeza de por vida. 

Y es que Björk y Debut me abrieron un mundo de posibilidades. Si bien mis gustos siempre habían mirado hacia lo menos convencional dentro de lo mainstream, Björk era algo diferente para mí en aquel momento y me atrapó con un house vigoroso. Una música que estaría tan presente en mi vida años después a través de los clubs. En mi recuerdo, los vídeos de Big Time Sensuality y Human Behaviour los vi después de Violently Happy pero fue éste último mi primer contacto con la cantante islandesa, que me vinculó ya para siempre con ella. Aunque si consulto las fechas reales es justo al revés de como lo recuerdo. Cosas de la memoria.

En Human Behaviour, con una percusión primitiva que le da un aire salvaje, Björk parecía observar el comportamiento humano desde fuera de la sociedad. En el vídeo de Big Time Sensuality, bailaba sobre un camión que atravesaba las calles de Nueva York, con un remix de la canción del álbum – más extraña, tensa y oscura- que suena más abierta, juguetona y expectante que el original. Estos tres vídeos me impactaron porque representaban, para alguien que solo tenía acceso al mainstream, una nueva forma de contar y de construir imágenes. Eran pequeñas piezas cinematográficas, extrañas y desquiciadas. 

Una escucha intensa 

Meses después compré el CD en la mítica tienda de discos de mi ciudad, Delta Discos. Fue la primera oportunidad de escuchar todo el álbum. De hecho fue uno de mis primeros álbumes. Hasta el momento solo tenía el CD de Immaculate Collection de Madonna, y los cassettes de The Hits 1 y The Hits 2 de Prince y un Veneno en la piel de Radio Futura. La escucha de todo el álbum de Björk me permitió conocer nuevos tipos de músicas, arreglos y visuales que no tenía en mi haber y me apasionaron: house y dance alternativo, trip hop, jazz, ambient y pop orquestal. Con su voz tan peculiar, ella es capaz de expresar emociones de forma tan diferente. Björk murmura, grita, respira, susurra y cambia de registro de manera repentina, lo que hace que pueda sonar infantil, salvaje, frágil, agresiva, o inocente. La instrumentación también era muy diversa, al menos para mí en aquel momento, con arpas, saxos, teclados, percusiones acústicas y arreglos casi de cámara. 

Del resto de canciones, aunque me gustó todo el álbum, destaco algunas muy concretas. Crying es house triste para bailar mientras estás decaído. Venus as a Boy tiene una melodía muy dulce que parece flotar con instrumentos de cuerdas y con inspiración oriental. There’s More to Life Than This (Live at the Milk Bar Toilets), es musicalmente house gamberro que cambia la perspectiva de sonido según el lugar del local donde esté y en la que una parte está grabada literalmente en el toilet. En Like Someone in Love se elimina casi todo el peso rítmico del disco, para quedarse sólo con la voz de Björk y un arpa que genera un ambiente flotante tan inquietante como mágico. El bebé que inicia One Day en medio de sonidos de ambiente me dejó tieso. The Anchor Song, bien próxima al jazz, es prácticamente sólo voz y saxos. 

Björk rompía con el pop más comercial de principios de los noventa, que tendía a sonar más limpio, controlado y convencional. No es que fuese la única rompedora, el grunge desde el rock también rompía con esa aparente uniformidad del mainstream. Solo que Björk lo hacía desde la electrónica, el pop experimental y la cultura de club, un camino que interesó más en mi adolescencia. Debut es un disco bailable, íntimo y desbordante en emociones. Por otras vías, más adelante, Hole y Lady Gaga fueron para mí puertas distintas hacia un mismo lugar: la música como espacio para lo excesivo, lo incómodo y para una actitud sexual y de género desafiante. 

Como fan con perspectiva, puedo decir que, probablemente, no sea el mejor de sus discos pero sí uno de los más frescos. A mí, al menos, me rompió la cabeza, me educó el oído y me mostró que la experimentación con ritmos, emociones y texturas era posible en una música que ya no era tan mainstream. Fue, en definitiva, también mi debut, como oyente, en la electrónica.

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