El genio de Minneapolis no estaba muerto, estaba de parranda. Tras fingir su muerte para huir de la fama, Prince sigue viviendo y actuando en Berlín detrás de una máscara.
Vizzy, experto en periodismo ficcionado.
Prince llegó a mi vida cuando yo apenas tenía siete años con dos de sus hits más magnéticos: “Raspberry Beret” y “When Doves Cry”. Talentoso, prolífico, entregado, glam y oficialmente muerto, quién me iba a decir que me lo encontraría en un concierto de indie rock alemán en Berlín. Mientras yo ideaba cómo volver a entrar en Berghain, descubrí que el genio de Minneapolis había decidido seguir el ejemplo de Elvis y fingir su muerte para huir de la fama. Volcado ahora en conciertos en antiguas fábricas de la capital alemana, canta y toca con una máscara. De sus nuevos discos hace ediciones limitadas, casi artesanales, acompañadas de portadas enigmáticas. Y, sobre todo, sigue innovando y mezclando géneros: jazz, funk, pop, gospel, synth-pop, rock y hasta música urbana y ritmos latinos.
Tus padres se dedicaban a la música. ¿Cómo te influyó esto? ¿Qué géneros musicales han sido claves para ti?
Qué duda cabe de que tener padres vinculados a la música siempre ayuda a estar en ese mundo. Mi hermana, de otra manera, también ha participado de ese mundo. Te hace vivirlo desde pequeño y tener incorporado lo que muchos luego tienen que estudiar y practicar. De hecho, nunca he tenido dificultad para crear música; la dificultad ha sido poder sacar toda mi música.
Y en una entrevista en los noventa dijiste que ya casi no hablabas, que te expresabas con música. ¿Qué ha significado la música para ti?
(Sonríe). Sí que hablo. (Sonríe). Lo que pasa es que la música me ha ayudado a expresar muchas cosas, no necesariamente literales. Recrear situaciones, reflexionar o hacer evolucionar situaciones vividas o imaginar nuevas realidades.
Fuiste uno de los grandes guitarristas de tu generación. Has sido un músico total: conocías todos los instrumentos, arreglos, silencios y todas las partes del proceso de producción de principio a fin. ¿De dónde sacas tanta energía? Abarcándolo todo, ¿para ti por dónde comienza el proceso creativo de una canción?
Para mí lo difícil es saber cuándo acabo una canción y comienza otra, (sonríe) porque no sé no componer y, claro, siempre se solapan. La verdad es que puede surgir de mil maneras. Una melodía o un ritmo que tienes en la cabeza, un tema o una historia de la que quiero hablar, una imagen que me surge o que veo en los medios, en mi día a día o que alguien me comenta. Siempre tomo notas y cuando puedo entro al estudio, grabo o hago pruebas, y si no estoy cerca del estudio canto.
Con una voz tan versátil, nos descubriste opciones vocales que desconocíamos. ¿Cómo lo consigues? ¿Es para ti tu voz un instrumento más?
(Sonríe). Lo entiendo como un elogio, y te lo agradezco. No lo podrías haber dicho mejor, pero no para mí. La voz es un instrumento también, para mí casi el principal. Me gusta jugar con mis posibilidades y descubrir nuevas opciones.
¿Qué relación tienes con Purple Rain? ¿La odias, la amas o le agradeces la popularidad que te dio?
La amo. Junté cine, el morado, un gran éxito, sí, una gran canción también. No te voy a decir que no odie alguna de mis canciones, pero no esa. Además, me permite, cuando quiero, conectar con mucha gente, es lo que me lleva a lo masivo. Odio más que nadie viese “Under the Cherry Moon” y que mi carrera de actor acabase tan pronto.
Fuiste parte del llamado Minneapolis Sound y recibiste influencia clara de James Brown, Sly Stone, Hendrix, Stevie Wonder o el gospel. ¿Qué tenía Minneapolis para sonar diferente? La mezcla de sonidos, ¿era experimentación o voluntad de superar los referentes?
James Brown era un genio. Sin discusión. Una gran inspiración. Wonder o Hendrix, un avanzado y un pionero. El sonido de Minneapolis soy yo (risas). Minneapolis es diferente: una ciudad abierta, mezclada y estimulante. No hace falta ser Nueva York para generar música. Afortunadamente. Experimentar siempre.
Y ¿Michael Jackson?
(Risas) Bueno, nos llevamos bien y mal. Somos humanos. Era un genio. Si lo ves por Berlín, dale recuerdos (sonríe), hace tiempo que no lo veo.
¿Qué conectó tu música y tu estética con el glam, la androginia, la sensualidad y la sexualidad? ¿Es para ti el erotismo y el sexo una forma de espiritualidad y comunicación?
La libertad, la experimentación y mi identidad. Comencé a finales de los setenta y fueron años durante los que mucha gente cuestionó los roles de mujer y hombre. Me crié con eso, me sentí libre de coger de cada género literalmente lo que me gustaba. Y así actué, ¿por qué limitarse? Y luego el glam rock de los sesenta o setenta. (Sonríe) Otro más influenciado por David Bowie. Somos demasiados ya. (Sonríe).
¿Qué cantantes y músicas te interesan en la actualidad?
Lo que he visto no me interesa mucho. Autotune, filtros, inteligencia artificial. Yo soy músico, no tengo voces y músicas pregrabadas de apoyo. Cuando salgo canto y toco música, y eso cada vez lo veo menos. A veces dudo si son músicos y si lo disfrutan. Yo me quedo en Berlín.
¿Y cómo es tu música ahora?
Más glam que nunca y a veces salgo al escenario solo con máscara. Vente a KitKat, que actúo allí y juzgas por ti mismo. Y ahora he incorporado ritmos latinos. Tanto que me podría llamar Don Prince.
A mediados de los noventa renunciaste a ser Prince y diste ese nombre artísticamente por muerto en 1993 —es icónica aquella portada de Come— o escribías en tu mejilla Slave. Muchos medios te presentaron como una extravagante estrella del pop que había perdido el juicio. Estabas denunciando el control de las multinacionales y rebelándote contra ellas. ¿Te sentiste incomprendido?
No fue fácil. Y creo que perdí a una parte de mi audiencia, pero no quise renunciar a mi libertad, ni me interesan tanto los números.
¿Crees que ahora, con las redes sociales y la posibilidad de una relación directa entre el público y el artista, sería más fácil explicar tu versión?
Yo intenté vender directamente, pero en los 2000 no funcionó. Supongo que ahora sería más fácil, sí, pero es que no me interesa ya. Aquí, en Berlín, hago conciertos y venta directa en tiendas físicas con otros discos. Cuando renuncié a la fama, renuncié a todo eso. Me he muerto (risas) para algo, ¿sabes? Me he muerto para liberarme de todo ese peso.
Siempre has reivindicado el alma en la música, con directos, con una creatividad desbordante, con la autoría de tus canciones y tu conocimiento profundo de todo el proceso musical, la producción y los instrumentos. ¿Cómo ves el uso de la IA en la música e incluso el surgimiento de músicos o grupos generados exclusivamente con IA?
Ni la uso, ni me interesa. No digo que no tenga un papel para trabajos repetitivos y monótonos, pero, trasladado a la música, le quita el alma y, como oficialmente muerto, sabes que es lo único que me queda (risas).
Madonna dijo en 2016: “Michael Jackson se fue, David Bowie se fue, Prince se fue, yo sigo aquí y creo que lo más controvertido que he hecho es permanecer”. ¿Crees que la fama es cruel y lo más duro es permanecer? ¿Por eso desapareciste a lo Elvis?
Suerte a Madonna, lo que tiene que aguantar. Sí, desaparecí por eso, pero no pienso reaparecer. Doy esta entrevista y fin. No me compensa.
En 2015 publicaste “Baltimore” y participaste en el Rally 4 Peace tras la muerte de Freddie Gray, dando tu apoyo público a la iniciativa Black Lives Matter. El movimiento resurgió tras la muerte de George Floyd en 2020 y, recientemente, la comunidad negra e hispana ha sufrido persecución por el ICE en tu ciudad. ¿Mantienes el vínculo con la comunidad negra y con Minneapolis?
¿Ahora entiendes por qué desaparecí? (risas) Con este mundo…
No me interesó nunca la política, y desaparecer no me ha cambiado. Solo me interesa la música y mi gente, mi comunidad, y cuando veo injusticias tan flagrantes tengo que reaccionar. Por eso hice Baltimore. Me pareció indignante lo de Floyd y lo del ICE. Ahora hago donaciones a entidades de derechos civiles o de la comunidad negra. Acabaré yéndome a otro planeta y dándole la razón a los que me ven marciano (risas).
Se trata de una entrevista ficticia con un Prince que sigue vivo y que se habría retirado para no sufrir más con la fama. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad.


Deixa un comentari